Espíritu Mariano

Dos advocaciones de María sobresalieron en el afecto filial del padre Emilio, sacerdote intachable y sin doblez que amó y practico la virtud de la pureza; era natural que invocara a María como la inmaculada Concepción. Ante su imagen, en la capilla, oró muchas horas como hijo deseoso de parecerse a su Santísima Madre.

El padre Emilio, amante de la cruz del Señor, sentía la necesidad de mirar a María, junto a la cruz como Dolorosa. Su imagen identificaba el cuarto donde habitaba y era ocasión de diálogos permanentes con Ella, su Madre, su consejera y su guía.

Esta devoción no estuvo nunca, separada de su amor a Jesucristo. Precisamente por eso, por ser la Madre de Jesús, la amó. El nos vino por María, decía. La Santísima Virgen María marcó la vida del padre Emilio, a Ella dirigió constantemente su pensamiento y su palabra; fue un enamorado de la Madre de Dios.