Espíritu de Sacrificio

El Padre Emilio fue un hombre de gran espíritu de sacrificio y de mortificación. El don de fortaleza le permitió vivir la gracia comunicándola a su alrededor, porque no es posible proyectar al exterior una vida interior inexistente.

Es preciso sacrificar la voluntad, matar el egoísmo y demás pecados capitales que tratan de asomar en nuestra vida cotidiana. Los pequeños sacrificios nos pueden llevar a una elevada santidad, decía el Padre Emilio. Esos pequeños sacrificios cotidianos que no los buscan ni al amor propio ni el querer personal; tenemos que recibirlos con un gran espíritu de fe y descubrir en ellos la voluntad de Dios, que desde toda la eternidad, los ha permitido para nosotros.

Procura soportar sin quejarte y, aún con alegría, las penas y las contrariedades de la vida, con los ojos fijos en la Virgen Dolorosa al pie de la cruz. No tengan miedo ni a la mortificación ni al sufrimiento.
P. Emilio.