DIÁLOGO CON JESÚS MISERICORDIOSO

"PADRE PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”

Lc.23,34

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-¡Así decías Jesús, en el momento crucial de tu pasión, así decías en el momento solemne donde se avecinaba el triunfo final: Pasar por la muerte para llegar a la Resurrección!

Contemplarte en ese instante de dolor y adentrarse en tu mirada de profunda agonía, llena de compasión por la humanidad, meditar y recordar cuánto hiciste por nosotros; demostrándonos tu amor a través de la cruz y de tantos acontecimientos: como la liberación de los endemoniados, la curación de los enfermos, la multiplicación de los panes, y no conforme con eso, una muestra más evidente, tu presencia viva en oblación continua a través del misterio de la Eucaristía. A pesar de todo esto Señor... Te seguimos crucificando.

Más aún en nuestro tiempo sigues actuando por medio de hombres y mujeres de buena voluntad que buscan glorificarte colocando al servicio de los hermanos los dones con que los enriqueciste, sin embargo Señor... No te reconocemos.

!Oh Dios definitivamente somos tu gran debilidad! !cómo amas tu creación! ¡Cuánto amor y compasión por tus hijos a pesar de ser tan injustos¡ Te pido Señor y te imploro perdón pero... ¿cómo pido perdón y no sé perdonar? No conozco esta palabra en su gran dimensión. Sin embargo llevas mi mano y me haces escribir: “perdonar es amar, es compasión, es comprender al que te ofendió, que por ignorancia a mi amor y grandeza te hizo daño, sólo quien me conoce y me quiere seguir de forma radical evita ofenderme en el hermano”.

Señor perdonar es aliviar el alma, despojarlo de sus cargas, es descansar el espíritu en tus manos, es liberarme de todo cuanto me esclaviza, es abrir espacio en el corazón para que vengas Tú y puedas morar en él, es también mirarte Jesús a los ojos agonizantes y verte en mí prójimo, porque cuando me ofenden, te ofenden, cuando me maltratan, te maltratan y si yo hago lo mismo con mi ofensor, lo hago contigo, porque también el otro es tu hijo.

Señor de amor y misericordia, de grandeza y poder, de esplendor y mansedumbre; en tus manos pongo mi vida y mis deseos de perdonar, quiero que tu perdón sea un continuo resonar en mi mente y en mi corazón, que pueda seguir tus ejemplos de perdón, que no me haga sorda a tu voz, que no me haga ciega a tus actitudes de humildad y comprensión por mi hermano. Oh Dios, sana mis heridas del pasado, mis resentimientos del presente y fortaléceme en las pruebas del futuro. Amén